miércoles, 9 de junio de 2010
Ellas
Son siempre de aspecto menudo, figura ligera, sonrisa pícara y mirada burlona. Tienen tendencia a la desobediencia, al caos y la algarabía. Marchan firmes y hacen camino. Descansan a solaz y comen con fruición. Andan a pasos cortos, pero en dos trancos alcanzan las tierras más distantes. Luciérnagas del día a día: lumbre melosa.
Hoy, Júpiter
Todos tenemos algo de Dámaso: de rencor, de odio, de frustraciones, casi siempre latentes y casi olvidados. Todos tenemos algo de Tomás: de románticos frustados por la vida rutinaria, de enamorados siempre equivocados, de personajes de tragedia griega ridículamente vulgares. Pero Tomás y Dámaso han errado siempre (y errarán: aunque se rediman, aunque conquisten la fama literaria) porque no han sido capaces de gozar, entre la realidad y el deseo, de las batallas diarias.
Porque nos perdemos en las grandes conquistas, patéticos napoleones; cuando la senda se encontraba entre la soldadera: cerveza, atardeceres apacibles, tertulias de poca monta y pequeñas heridas que a veces se emponzoñan.
Porque nos perdemos en las grandes conquistas, patéticos napoleones; cuando la senda se encontraba entre la soldadera: cerveza, atardeceres apacibles, tertulias de poca monta y pequeñas heridas que a veces se emponzoñan.
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