miércoles, 9 de junio de 2010

Hoy, Júpiter

Todos tenemos algo de Dámaso: de rencor, de odio, de frustraciones, casi siempre latentes y casi olvidados. Todos tenemos algo de Tomás: de románticos frustados por la vida rutinaria, de enamorados siempre equivocados, de personajes de tragedia griega ridículamente vulgares. Pero Tomás y Dámaso han errado siempre (y errarán: aunque se rediman, aunque conquisten la fama literaria) porque no han sido capaces de gozar, entre la realidad y el deseo, de las batallas diarias.
Porque nos perdemos en las grandes conquistas, patéticos napoleones; cuando la senda se encontraba entre la soldadera: cerveza, atardeceres apacibles, tertulias de poca monta y pequeñas heridas que a veces se emponzoñan.

3 comentarios:

  1. ¡Ah, las batallas diarias! ¡Qué poca cosa me parecen ante el avance inevitable de Aquella que arrasará todas las cosas con su sola mirada! ¡Qué nada son en su precipitarse a la aniquilación!

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  2. Amigo Schope, yerras en tu incisiva apreciación. Lee, para ser uno de los pocos sabios que en el mundo ha habido, los comentarios del gran Gañán: Aquella Batalla es poca cosa ante las pechugueras veraniegas.

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  3. Pos claro, muchaaaaaaacho!!!
    Que las muchachaaas están mu prietas, ¿no ves?

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